26 de febrer de 2014

El fin del trabajo, por Santiago Niño Becerra (un artículo que rompe moldes y hay que leer)

(Son malas notícias, pero es mejor saberlas. Cuca de LLum)



 Estoy perpleja después de leer este articulo.


Santiago Niño Becerra -  Miércoles, 26 de Febrero -  
artículo copiado de la blog > http://lacartadelabolsa.com/leer/articulo/el_fin_del_trabajo - Publicado en  La Cuca de Llum con autorización expresa de los titulares del copyright -


Le he copiado el título a Jeremy Rifkin, ya.

Del desempleo del factor trabajo se continúa hablando, pero poco, y casi siempre desde una posición voluntarista: ‘se está en el buen camino’. La solución está en ‘las reformas’, pero lo cierto es que el empleo, en términos medios, cada vez es más temporal, más a tiempo parcial y está peor pagado. Y también es cierto que cada vez se habla menos de desempleo estructural: es lógico: ¿qué porcentaje determina la estructura?

Hay que recurrir a sitios no gubernamentales y a ámbitos no oficiales para oír de otros argumentos. Ya hemos hablado del tema: el primero en abordar el problemón pensando en el gran público: Jeremy Rifkin y ‘El fin del trabajo’, Ed Paidós, 1996: absolutamente imprescindible. Más recientemente: 
>http://www.oxfordmartin.ox.ac.uk/downloads/academic/The_Future_of_Employment.pdf  (Atención a la lista de trabajos automatizables que figura al final junto a las probabilidades de que lo sean), 

Pienso que hay aspectos del problema que son tan terribles que muchos de los investigadores que los abordan los evitan. En el fondo la cosa es muy simple: cada vez se precisan menos unidades de factor trabajo para generar una unidad de PIB. Con las unidades de PIB no hay demasiados problemas en que se asuma que ‘una unidad de PIB’ sea, por ejemplo, un dólar; el problema se halla en decidir qué es ‘una unidad de factor trabajo’.

Una unidad de factor trabajo no es una persona, ni una jornada de trabajo, una unidad de factor trabajo es algo mucho menor. Por ejemplo y para resumir, y admitiendo que puede ser menor, una unidad de factor trabajo es hoy una hora efectivamente trabajada.

Es decir, para generar un dólar de PIB cada vez son precisas menos fracciones de hora efectivamente trabajadas. ¿Por qué?, pues porque a) los avances tecnológicos permiten sustituir trabajo por capital, y b) porque tales avances tecnológicos posibilitan las mejoras organizativas que redundan en una menor demanda de trabajo. Esto está siendo así desde principios de la década de 1980, y así va a seguir, cada vez más, a no ser que se produzca un cataclismo no previsible que haga retroceder a la humanidad al siglo X.

Los avances tecnológicos no son malos, al revés: hoy posibilitan millones de cosas imposibles hace una década, el problema es que, en una atmósfera de recursos escasos, 1) la evolución demográfica no ha ido pareja a la de tales avances ahorradores de factor trabajo, y 2) la capacidad de asunción mental de tales avances por parte de la población siempre ha ido por detrás de la evolución de la tecnología.

Ya: la teoría de que unos empleos desaparecen y otros aparecen, es decir, que nuevos empleos sustituyen a los que se van. El tema está dónde se crean esos nuevos empleos y de qué tipo son. A la  vez, esos nuevos empleos se crearán si y sólo si existe demanda, interior o exterior, de los bienes y servicios que produzcan las empresas que puedan contratar a ese factor trabajo desplazado.

Es decir, lo habitual cuando una fábrica cierra o reduce personal es que, si existe renta disponible o capacidad de endeudamiento en esa zona o en otras, los trabajadores eliminados se ocupen en el sector servicios (pienso sobre todo en USA) o en el sector industrial en tareas a tiempo parcial o en empleos temporales, o emigren. Pero siempre con una remuneración menor de la que tenían y, en numerosas ocasiones, subempleados.

Dos datos demoledores en contra de la visión de que unos empleos sustituyen a otros: 1) en USA, el país de las oportunidades, la tendencia de los salarios reales desde 1980 es decreciente, y 2) hoy, en USA, el desempleo de larga duración supera el 45% de la población desocupada.

Hay quienes apuntan al reparto del tiempo de trabajo y del salario como solución al desempleo estructural presente y futuro. El problema es que con el reparto del tiempo de trabajo la productividad decrece, lo que va en contra de la tendencia: mejoras de productividad para reducir los consumos de recursos (lo de ‘bajar costes’ es una consecuencia), unos recursos que, salvo el trabajo, son escasos.

Por otra parte, reducciones de salario llevarían al empobrecimiento de amplias capas ya subremuneradas, y como el acceso al crédito sería imposible, por mucho que bajasen los precios debido al aumento de productividad, el nivel de consumo sería inferior al de producción, en el país y en todos los países, por lo que se volvería al punto de partida.

Insisto: los avances tecnológicos son buenos, positivos, y consustanciales con la naturaleza humana de buscar siempre el más, el problema es que la velocidad con que hoy se producen y sus impactos superan con mucho y en todos los aspectos, la capacidad de absorción por parte de la población. En el siglo XVII toda la ciencia del planeta cabía en un libro de 200 Págs. Hoy …

Venden la idea (quienes venden esas ideas) de que con reformas, ajustes y redefiniciones es posible que aumente la demanda de trabajo y volver a la situación existente en el 2006. Pienso que no es cierto. La demanda de horas de trabajo tiende a menos porque cada vez más operaciones para las que hoy se precisa trabajo serán llevadas a cabo por tecnología, y que haya demanda de perfiles megaespacíficos y megacualificados es anecdótico. Y como consecuencia de ello la remuneración de ese factor cuya demanda tiende a menos también tiende a menos porque la oferta de trabajo, en principio, no es imaginable que decrezca.

Cuando a partir de mediados del siglo XIX empezó a ser evidente que no existía en Europa demanda de trabajo para la oferta de trabajo existente (incluso considerando las guerras como una forma de trabajo), la población emigró: 50 millones de europeos se fueron a América, fundamentalmente a USA, entre 1860 y 1913. Pero atención: pudieron irse por dos motivos: 1) en USA casi todo estaba por hacer, y 2) entonces y en USA, para generar PIB eran precisas muchas horas de trabajo: si, mágicamente, una mañana de Febrero de 1880 hubieran aparecido sobre los campos de USA diez millones de tractores, hubiese sido necesaria mucha menos emigración de la que entonces allí fue.

¿Solución al aceleradamente creciente desempleo estructural que está llegando?. Pienso que no existe. A larguísimo plazo puede pensarse en un control demográfico, pero el problema no se presenta para el año 2500, sino para mañana. Qué ironía, ¿verdad?. Algo intrínsecamente bueno, como la tecnología y las mejoras organizativas que conlleva, se convierte en algo perverso para la inmensa mayoría debido a como es la naturaleza humana.

¿El 45%? Rifkin estimó que en algún momento del siglo XXI llegaría al 90%. Pienso que es acertado, y pienso que debería ir pensándose en ello y olvidándose de soflamas políticas que nada resuelven.

Y no, Sr. Presidente del Gobierno de España, rebajando las cotizaciones sociales no se crea demanda de trabajo.

(Un mero ejemplo: hacía tiempo que se hablaba del tema: ya ha llegado: http://www.bloomberg.com/news/2014-02-25/rolls-royce-drone-ships-challenge-375-billion-industry-freight.html . Tripulación cero, control automático, productividad creciente, eficiencia, … No; no es malo, simplemente, es).


Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.

 http://lacartadelabolsa.com/leer/articulo/el_fin_del_trabajo

 (Texto del Prof. Niño Becerra.  Subrayados de Cuca de Llum)

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