Conclusions de "La nación catalana en la edad media", de FLOCEL SABATÉ. Dins la "La nació a l’edat mitjana" (Flocel Sabaté, Ed.), Pagès Editors (2020).
Estat de la qüestió d’una qüestió d’estat.
«en primer lugar, se puede clarificar que en el nordeste peninsular, en el siglo IX se produjo un desgajamiento de los condados respecto de su matriz carolingia a causa de la crisis del Imperio. A partir de aquí, los condados, independientes entre ellos y ubicados entre la frontera con Al-Andalus y la Europa post-carolingia, a lo largo de los siglos X y XI experimentaron una progresiva convergencia entre si, que los va acercando en los diversos aspectos económicos, políticos, diplomáticos, militares y culturales, en una progresión culminada en el siglo XII.
Esta aproximación, cuajada en nuevas formas políticas en el siglo XII, se erige en excipiente para combinar los cuatro elementos que alimentarán una creciente cohesión e identidad propia durante la baja edad media: la percepción externa, la asunción interna, la representatividad y el desarrollo institucional. La cohesión alcanzada, de acuerdo con la terminología difundida en Europa a partir del siglo XIII, se acoge al término de nación. La nación catalana, por tanto, se define por las características cotidianas que comparten sus miembros, como la lengua, pero también aspectos cotidianos, como el comportamiento en la mesa y el beber, tal como describen algunos de sus definidores como Francesc Eiximenis o el mismo rey Pedro el Ceremonioso, que define la nación como les nostres maneres. En un escenario político marcado por la debilidad del monarca y su necesidad de negociar con los estamentos, el concepto de nación, se inserta en el lenguaje y la negociación política: el rey puede, en el siglo XIV, dirigirse a los estamentos exigiendo un apoyo en nombre de la nación, apelando incluso a los sentimientos afectivos —amar la nación— , pero por su parte los estamentos pueden, especialmente en el siglo XV, responder por la misma vía parlamentaria invocando que ha sido la nación quien ha vertido su sangre para la expansión mediterránea de la Corona. Al mismo tiempo, el inicial liderazgo catalán en la expansión mediterránea de la Corona y la difusión de la lengua catalana, especialmente en los territorios repoblados en el siglo XIII, Mallorca y Valencia, insuflan una específica polisemia al término nación. La nación catalana se circunscribe a los específicos límites del Principado de Cataluña. Pero en otra acepción también incluye a todos los que utilizan la misma lengua, es decir, mallorquines y valencianos. Y, aún, al identificarse con el monarca y la misma Corona, engloba a todos los miembros de la Corona de Aragón. Son círculos de identidad que conviven y se mezclan al mismo tiempo, sin que cause ningún problema que todo ellos se acojan al término nación, insuflando así una nítida polisemia al concepto de nación catalana. La identificación entre lengua, cultura y poder otorga una posición relevante al referente catalán en la pujanza de la Corona y del monarca, especialmente en su culmen con Alfonso el Magnánimo asentado en Nápoles. Pero, por ello mismo, las alteraciones en la relación entre lengua y poder pueden trastocar todo el escenario, tal como se vive a fines del siglo XV. A partir de aquí no solo la polisemia sino el peso de la nación catalana entrará en declive institucional, escenificando unas dificultades de encaje dentro de la monarquía hispánica que, en realidad, son la plasmación concreta de las tensiones que se están viviendo en Europa entre el legado medieval y los nuevos modelos políticos.»