12 de febrer de 2012

La autonomía, un mal negocio



Jordi BarbetaArtículos | 12/02/2012 - Jordi Barbeta    - Barcelona
El Estado de las autonomías ha evolucionado de tal manera que especialmente en Catalunya el autogobierno tal como funciona está resultando un mal negocio e incluso se está convirtiendo en un auténtico lastre para el progreso del país.

Véase un ejemplo paradigmático: el ministro de Fomento de la época anunció a bombo y platillo con efectos de 1 de enero del 2010 el traspaso del servicio ferroviario de cercanías a la Generalitat con un plan de inversiones de 4.000 millones en la red ferroviaria catalana. Han pasado dos años y la inversión no se ha realizado, las averías y los accidentes han aumentado, y el precio de los billetes se ha encarecido. Lo que sí ha cambiado es que ahora el responsable político del desastre ya no es el ministro –ahora ministra de Fomento– sino el conseller de Territori i Sostenibilitat. Menudo negocio... Pero no acaba aquí la cosa, porque las vías, las estaciones y las catenarias se caen a trozos. La gran pregunta es: ¿a qué dará prioridad la ministra que acaba de llegar, a las reparaciones en la línea Barcelona-Puigcerdà, que no es de su competencia, o a cualquier otro tramo de la red española que sí lo es y en el que su partido tiene votos en juego?

El funcionamiento autonómico se basa en el traspaso de servicios deficitarios que las comunidades no pueden sufragar, sea la dependencia, la sanidad o la educación, y sólo el papá Estado está en condiciones de tapar el agujero. Y ocurre que el papá tiene hijos que son predilectos y otros que no lo son, por razones obvias. Un problema en cualquier comunidad autónoma afecta a los intereses políticos y electorales del partido que gobierna en España, excepto en Catalunya, donde siempre gobierna un partido raro, como CiU, o un gobierno aún más raro, como el tripartito, cuyas prioridades resultan siempre lejanas y ajenas.

Los problemas de liquidez que está sufriendo la Generalitat ya han demostrado que lo del autogobierno es una ficción. El Govern no tiene poder ni dinero para resolver nada por sí solo y, en cambio, aparece como administrador responsable de todos los problemas. Y lo único que puede hacer ahora para evitar males mayores es apoyar al Gobierno español en todo lo que le pida, porque si Duran Lleida no se porta bien en el Congreso, los pagos se retrasarán y las consecuencias las pagará Artur Mas.

La estrategia de influir desde fuera está dando el resultado contrario al perseguido. Influye más el PP de Galicia que CiU, y el PSOE de Andalucía que el PSC, así que sólo quedan dos caminos: que los catalanes se dejen de puñetas y se adapten al mapa político español, o bien que lo fíen todo a la fórmula del PNV, que cuando gobierna, lo hace con su dinero, se lo gasta en lo que le da la gana y sus apoyos al Gobierno los cobra a parte...

Artur Mas ha formulado por separado dos propósitos solemnes, salvar la autonomía y conseguir el concierto económico, pero no son dos, es el mismo.

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