3 de març de 2010

Resumen (buenísimo) del foro 'La ley electoral de Catalunya' de La Vanguardia

La negociación de la ley electoral catalana

Los usuarios del foro sobre la ley electoral catalana no confían en que los políticos lleguen a un pacto que permita a los ciudadanos elegir directamente a sus representantes
Sergio Brosa | Padrino del foro 'La ley electoral de Catalunya' | 22/02/2010 | Actualizada a las 11:33h | Participación
A raíz de los últimos acontecimientos y las noticias publicadas, la ley Electoral de Catalunya es tema de rabiosa actualidad. Fue noticia de primera plana aunque no la ocupara, la constitución de la Ponencia del Parlament que había de redactar el anteproyecto en tres meses. La presión del caso Millet y a continuación la operación Pretoria impulsaron al Parlament a hacer como que iniciaban la redacción de la panacea de las leyes electorales, como solución general a los casos de corrupción y de desafección de la ciudadanía con sus representantes políticos, pues es manifiesto que éstos no representan la soberanía popular, sino la voluntad de los propios partidos políticos.

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Los intervinientes en el foro, si no tan numerosos como cabría esperar por el clamor popular suscitado, pero sí unánimes en sus comentarios, desde el comienzo se maliciaron que no prosperaría una ley electoral que permitiera a los ciudadanos elegir directamente a sus representantes porque la actual clase política, entendida como los de siempre, iba a engrosar las filas del paro. Pero era sabido de antemano que los dirigentes políticos, entendido como los que manejan los hilos de los partidos, pues al fin y al cabo los partidos son lo que sus dirigentes, no se iban a conformar con una ley electoral que permitiera a los votantes elegir por si, como establece la Constitución, a sus representantes al margen de la voluntad de esos mismos dirigentes.

Hemos venido en conocimiento que los trabajos de la ponencia se han limitado a buscar la obtención de mayores cotas de representación a los partidos, manoseando circunscripciones e inventando otras en sus caladeros habituales, con tal de no perder el statu quo. En ningún momento se han planteado lo que desea la ciudadanía: cómo acercar los candidatos a los electores para que los conozcan y puedan calibrar su valía. Que los candidatos estén enraizados en sus circunscripciones respectivas y no se limiten a ser meros empadronados. Que no gire todo en torno a un cabeza de lista y una instrucción rígida del partido. Hemos visto la patita del lobo bajo la puerta, a raíz del almacén temporal de residuos radiactivos, donde los aparatos de los partidos han pretendido desautorizar a los alcaldes que han decidido presentar candidatura.

Ernest Benach y ahora José Montilla, se postulan en favor del informe de los expertosley electoral para Catalunya. Informe de obligada lectura para interesados, pues ahí se descubre que las listas abiertas se reducen a que los votantes puedan establecer una prelación distinta de los candidatos a la fijada por el partido, desoyendo que los ciudadanos quieren candidatos al margen de las listas de los partidos. Tampoco recoge el informe la formación del ejecutivo con todos los partidos con representación parlamentaria, como en Suiza. Pero qué democracia es la que permite esa aritmética perversa en la formación del ejecutivo que deja fuera al partido más votado. O, por qué no, elecciones a doble vuelta, que el informe ni menciona, que permita una gobernanza estable. O la limitación de mandatos que el informe no propone, para evitar que un cargo político considere suyo después del tiempo y disponga como suyo lo que es de los ciudadanos; la permanencia indefinida en el cargo favorece la corrupción. para establecer las bases de una

Sólo cabe apreciar el interés ciudadano que el asunto suscita, cuando fracasada la Ponencia y abandonada la redacción del proyecto de ley, Montilla se disgusta por ello e insta la vuelta al trabajo de la Ponencia, sobre la base del informe de los expertos porque “recoge todas las sensibilidades”. Todas menos las de los ciudadanos que son los únicos actores legitimados para la elección libre y directa de sus representantes, pues es en ellos donde reside la soberanía popular y no, como algunos consideran, en el Parlament, en el que únicamente tienen cabida los representantes de la soberanía popular.

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