20 de juliol de 2015

Ser madre. Insustituible para generar bienestar social. Pero olvidado.





Dra. Montserrat Rutllant y Esperanza Coll

Son muchas las personas que en los últimos tiempos muestran su preocupación por la cada vez más evidente escasez de niños en nuestra sociedad. Ningún país ni la sociedad que lo compone tienen futuro sin niños.

Los motivos son diversos y necesitaríamos más espacio para analizarlos pero –ahora que estamos en un mes especialmente dedicado a las madres- podríamos centrarnos en uno muy concreto y es que la sociedad actual ha olvidado, a menudo, el insustituible papel de la mujer madre para generar bienestar social.

La mujer-madre es un referente esencial de muchas actitudes vitales, pero quisiéramos remarcar ahora una de especial importancia, que es la de crear espacio para que el otro tenga lugar. Desde el comienzo de su embarazo, la mujer deja espacio físicamente en su vientre, pero también en su cerebro y en su corazón. Las investigaciones recientes sobre el hecho de que cada hijo deja en la madre un “rastro celular imborrable” no hace más que corroborar algo conocido por la mayoría de madres: que cada hijo deja una huella que la acompañará durante toda su vida.

Dejar espacio para que el otro crezca es una actitud sumamente necesaria en una sociedad donde a menudo no tienen cabida los ancianos, ni los enfermos ni los inmigrantes… una sociedad de exclusión que necesita personas que vivan la acogida de seres humanos como una característica de su condición humana; la mujer-madre es el mejor ejemplo y revalorizar su función podría ser un revulsivo ilusionante.

Para crear este espacio, es necesario que, previamente, la mujer-madre se haya sentido acogida y no excluida, integrada en una red social de acompañamiento y no rechazada ni abandonada en un desierto de desamor.

Voces reconocidas, tanto desde la vertiente psicológica como desde la educativa e incluso la económica, afirman hoy en día que el embarazo, el parto y los primeros años de vida son fundamentales para el correcto desarrollo psicofísico y social de los hijos. Valorar este hecho implica acompañar y dar apoyo a la madre en esta etapa de la maternidad, que no siempre está rodeada de las circunstancias más favorables; pero una sociedad previsora y avanzada debe ser capaz de modular estas circunstancias para hacer posible el espacio de acogida de este nuevo ser humano.

Nuestra experiencia de más de 28 años de trabajo con madres en graves dificultades nos ha hecho comprobar cómo pasa de la angustia a la ilusión una embarazada, cuando encuentra una mano amiga, un consejo adecuado, una ayuda material y puede compartir, con alguien que le manifieste amor, la espera de este hijo que llama a su puerta. Si ella la abre, su acogida beneficiará a toda la sociedad.

Dra. Montserrat Rutllant
Esperanza Coll
Fundación Pro Vida de Catalunya, mayo 2015

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