29 d’octubre de 2015

La independencia de Cataluña llegará a fuerza de déjà vus. Ya está a 12 minutos de la independencia a la espera de una rendija de oportunidad.


Descripción y análisis de la estrategia de secesión de Artur Mas.


Jordi Noguer - Barcelona (Especial para INCAT).-

Año 1968. A Franco todavía le quedaban 7 años, largos, de vida. Un chiquillo de 20 años escribía una canción premonitoria llamada ‘L’Estaca’. Se inspiraba en las conversaciones de adolescente con Siset Llansa, un peluquero que había sido regidor, por ERC, durante la Segunda República. Dos personas lanzaban un mensaje muy claro y entendible: ningún muro aguanta eternamente, si todos colabora a hacerlo caer.


4 de junio del 2009, Arenys de Munt. Tres años atrás se había votado el Estatuto en referéndum (2005). Todavía faltaba un año para que el Tribunal Constitucional lo sentenciara a muerte. La CUP local, encabezada por Josep Manel Ximenis, le tomaba la palabra a la canción de Llach y presentaba una moción para organizar una inocente consulta vecinal para saber si la gente del pueblo quería la independencia de Cataluña. La moción fue aprobada y, bajo la organización del alcalde Carles Mora, el 13 de septiembre de aquel año, 2.659 personas, un 41% de la población, respondían a lo que, hasta entonces, había sido un gran tabú. El 96’2% de los votantes expresó su voluntad independentista. La estaca recibía la primera sacudida. Al otro lado del Ebro… eran tildados de locos.


Años 2010, 2012, 2013 y 2014. Centenares de miles de personas llenaban calles y carreteras, manifestación tras manifestación. La estaca recibía cuatro andanadas populares colosales. Al otro lado del Ebro… ahora se reían y se encomendaban a una supuesta mayoría silenciosa.

9 de noviembre del 2014. El presidente Mas organizaba una consulta popular, jurídicamente intrascendente como la de Arenys de Munt, pero de ámbito autonómico, esta vez. 2.344.828 catalanes volvían a hacer una cosa tan peligrosa cómo es votar. 1.897.274 conciudadanos, un 80’98% de los votantes, lo hacían para decir Sí a la Independencia. Al otro lado del Ebro… ahora ya atacaban con malas artes, vía dossieres Liechtenstein.


27 de septiembre del 2015. Semanas después de otra diada nacional memorable, un 77% del censo catalán acudía, masivamente, a unas elecciones autonómicas convertidas en plebiscitarias. 1.966.768 personas, un 48’18% de los votantes, votaba Sí a la independencia. Al otro lado del Ebro… esta vez ya atacaban tan fuerte y sucio cómo podían y sabían. Según Gandhi, esto indicaba que la victoria tenía que estar cerca.

Ya lo veis: una mariposa en forma de dos personas, había derivado en una masa de dos millones de independentistas, en sólo seis años. Cataluña, pasaba a estar, ahora sí que se puede calcular, a 12 minutos de la independencia.



El método de secesión del astuto Artur Mas et alii
 
La secuencia de hechos ocurridos los últimos seis años, conocidos por todo el mundo, esconde una astucia remarcable. Es el ‘golpe de estado’, democrático, a cámara lenta, que dice Guerra. Es una revolución sin fuego de un día, y 70 años de humo, que dice Felipe.

Quebec y Escocia también han estado igual de cerca, pero Llach, Ximenis, Mas y tantos otros, quizás inconscientemente, han diseñado un proceso a prueba de derrotas parciales. Por suerte para los independentistas, los del otro lado del Ebro nunca permitieron hacer un referéndum vinculante, que obligaría a la parte perdedora a no incordiar durante 20 años, como les pasó en Quebec y en Escocia. En Cataluña, en cambio, el referéndum nunca interesó. Porque no tocaba, todavía, como diría Pujol. Era mejor ir ganando adeptos, año tras año, haciendo manifestaciones y votaciones que cada vez implicaran a más y más gente.

El 9N sirvió para contar los independentistas. El 27S ha servido para calibrar la mayoría silenciosa. Pero ninguna votación implicaba dejar de incordiar durante 20 años, si no se ganaba con suficiente contundencia. La venganza catalana de antaño, se ha convertido en la astucia catalana.

Además, como que los poderes del Estado, a cada votación, han ido elevando el nivel de juego sucio y el tono de las amenazas, si en un próximo referéndum vinculante, o en unas nuevas elecciones plebiscitarias, estos poderes repiten la misma estrategia, a todo el mundo le sonará a déjà vu. Esta forma de actuar quizás funcione en un referéndum, pero combatir unas elecciones con amenazas, en vez de propuestas, es dar una gran ventaja al contrincante.


Los independentistas lo tienen claro

Si los poderes fácticos vuelven a jugar la carta de los dossieres falsos contra Mas y compañía, harán caso omiso;

Si vuelven a tildarles de nazis, les sonará a insulto muy gastado;

Si Merkel o Cameron les vuelven a decir ‘adios’, les dirán que queda feo integrar refugiados de una guerra y, al mismo tiempo, expulsar a los catalanes por, simplemente, anhelar ser periferia europea sin hacer escala en España;

Si los militares vuelven a meter baza con una nueva cartita, les sonará a rancia rabieta de nostálgicos;

Si los bancos vuelven a hablar de fugas de capitales y corralitos, les recordarán que el BBVA, el Sabadell y el propio Gobernador del Banco de España ya lo han desmentido, simplemente porque este escenario, a los bancos, les conviene tan poco como a los catalanes;

Si vuelven a boicotear el voto exterior, que en el 27S sólo ha podido ejercer un 7% del censo de catalanes en el extranjero (un 64% de los cuales, para pronunciarse a favor del Sí), se las ingeniarán para que el 23% de expatriados que no han podido votar en esta ocasión, sí puedan hacerlo la próxima vez y se superen los dos escaños que ahora se han esfumado, injustamente;

Si amenazan a la gente mayor con rebajas de pensiones, les replicarán que, legalmente, ya ha quedado claro que si no hay un acuerdo con España, las pensiones, las tendrá que pagar el gobierno español, simplemente porque los trabajadores catalanes siempre han cotizado en España (y, de paso, se les echará en cara que, entre 1995 y 2010, Cataluña tuvo un superávit de cotizaciones/pensiones de 24.000 millones de euros, mientras que en España hubo un déficit de 86.000 millones de euros).

El auge del independentismo se debe a la conversión de los indecisos, a fuerza de organizar votaciones y manifestaciones masivas, combinadas con el déjà vu percibido a cada nuevo juego sucio o ataque de los contrarios. Cabe remarcar que se ha llegado hasta aquí sin romper ningún plato, ni motivo para asustar a ninguna empresa. Dado que no se puede adivinar cuándo será efectiva la independencia, los inversores siguen invirtiendo en Cataluña, como han hecho siempre. Desaprovechar oportunidades de negocio, por un futurible que quizás no llegue nunca a producirse, con la única motivación de boicotear a los catalanes, no entra en la cabeza de ningún directivo serio.

Esta es la gran jugada de astucia de Artur Mas con el 9N y el 27S. Quemas las cartas maliciosas de los adversarios, neutralizas los partidos de las medias tintas, como Unió o Podemos-ICV, y preparas, psicológicamente, a la gente y las empresas, para cuando haya la votación definitiva. Incluso, haces que la Unión Europea, la ONU, etc., vayan asimilando que algún día les tocará adaptarse a una nueva realidad. Más aún, después del debate Margallo-Junqueras, que reconocía, implícitamente y a la vista de todo el mundo, la posibilidad de que Cataluña se independice; extremo que se había negado por activa y por pasiva, hasta ese momento.

Gracias al 27S, ahora sabemos que los independentistas y unionistas están empatados en votos. Hasta ahora, sólo sabíamos que había un empate en agresiones y contra-agresiones. El punto de inflexión fue el 10 de octubre del 2012, cuando el ministro de educación Wert dijo la célebre frase: “Nuestro interés es españolizar a los niños catalanes”.

De ahora en adelante, sea en un referéndum pactado, que muy probablemente nunca llegará, o bien en unas próximas elecciones en el Parlamento, nuevamente plebiscitarias, los unionistas tendrán que salvar todos los match points que se les vayan presentando. Los independentistas, en cambio, sólo con ganar una vez, pero con suficiente contundencia, ya obtendrán la independencia, para siempre jamás. Tarde o temprano, se abrirá una rendija de oportunidad. Y la tienen que aprovechar, dado que, es fácil que una vez Cataluña sea independiente, tapen bien tapado el agujero abierto, para evitar que el País Vasco, Escocia o alguna otra nación sin estado europea pueda repetir el método catalán de independizarse a fuerza de déjà vus.-