El fallecimiento prematuro de Martin Aurell (1958-2025) deja un vacío inmenso en la historiografía europea. Catedrático de prestigio de la Universidad de Poitiers, en Francia, dedicó su vida a demostrar que los llamados "siglos oscuros" fueron, en realidad, la cuna de nuestra civilización.
Hace un año, en febrero de 2025, el mundo académico francés despedía a uno de los suyos. Aurell, barcelonés de nacimiento, pero figura central de la intelectualidad gala, partía dejando un legado que trasciende las bibliotecas, como quedó de manifiesto en los numerosos testimonios de sus colegas.
Aurell no era un romántico de un pasado idealizado, sino un riguroso y apasionado estudioso. Su obra cumbre para el gran público, Diez ideas falsas sobre la Edad Media, resume su pensamiento e ilumina al lector influenciado por visiones sesgadas. Con el rigor que le otorgó dirigir el prestigioso Centre d’Études Supérieures de Civilisation Médiévale, Aurell desmanteló la «leyenda negra» que presenta al medievo como una época de estancamiento.
El maestro de los chilenos
¿Por qué un joven de Santiago o Valparaíso querría dedicar su vida a estudiar la caballería del siglo XII o la reforma gregoriana? Aurell tenía la respuesta. A través de su dirección de tesis y su generosidad, formó a un grupo clave de historiadores chilenos.
Su rol como formador no fue meramente técnico; fue una transformación personal. Inspiró a los estudiantes chilenos a no sentirse «ajenos» a la historia europea, sino herederos legítimos de ella. Bajo su guía, muchos descubrieron que el rigor científico y la fe son motores que impulsan la búsqueda de la verdad.
Aurell ayudó a entender que Chile es, en gran medida, hijo de esa «luz medieval». Las instituciones chilenas —la universidad, el derecho civil y los municipios— tienen su origen en los siglos que él tanto estudió. La lengua y la fe que configuran la cultura chilena son frutos maduros del medievo hispánico. Incluso debates políticos actuales como la dignidad del individuo y los límites al poder nacieron en las controversias entre fe y razón del siglo XIII.
Como destaca el historiador chileno José Miguel de Toro, quien realizó su doctorado bajo la tutela de Martin Aurell, la contribución de su profesor fue vasta y profunda: “sus estudios abarcaron variados aspectos de la vida medieval como el poder político, la composición social, la literatura y los mitos, la vida cortesana, entre otros. Particular mención merecen sus obras sobre Leonor de Aquitania, la dinastía Plantagenet y el rey Arturo”. «Puso todo ese rigor profesional al servicio de la verdad histórica, demoliendo fábulas absurdas», señala De Toro.
La humildad de un gigante
Su impacto en Chile fue fruto de una entrega personal extraordinaria. Benjamín Franzani relata cómo un simple correo de orientación terminó en una dirección de tesis doctoral: «Se involucró completamente en mi caso cuando yo ni siquiera hablaba francés. Durante años respondió correos y propuso soluciones a los altibajos de becas y trámites».
Esa disponibilidad no conocía límites. Franzani recuerda cómo, en una ocasión, Aurell realizó un viaje relámpago a Paris: llegaba desde Poitiers en la tarde para una entrevista en Radio France y se iba al día siguiente temprano en la mañana, para recibir en una ciudad del sur de Francia un reconocimiento por su biografía sobre Leonor de Aquitania. Con esta agenda, parecía imposible responder positivamente a la petición de reunirse que le hizo Franzani. Sin embargo, Aurell nunca respondía que no cuando podía ayudar a alguien: donde otro no hubiese visto ninguna posibilidad, Aurell lo invitó a desayunar y a caminar juntos hacia el andén del tren: «Esto me permitió conversar con él por al menos media hora, y recibir sus consejos. La estación de tren representa bien esa faceta suya de estar ahí para todos”.



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